Este artículo en audio hecho por ordenador. Las creencias 3ª parte

Todo sucede como si tuviéramos una metacreencia de acuerdo con la cual «todo lo que creo es verdad», sin darnos cuenta de que cada uno de nosotros construye su mundo, su propia representación del mundo. Esta metacreencia consiste en considerar que el mundo que nosotros nos construimos es el mundo real. Está claro que la mayoría de la gente no cuestiona y se cierra, se esclerotiza en la inercia, la inmovilidad, la ausencia de desarrollo personal, la resistencia al cambio, a las que se añade además, con frecuencia, intolerancia hacia aquellos que no comparten las mismas representaciones.

Muchas personas no establecen el vínculo entre sus creencias y las consecuencias que estas entrañan.

Lo que pensamos, lo que creemos, es verdadero de vez en cuando. Por ejemplo: «En ocasiones los hombres mienten». Creer que es «siempre» o «nunca» deriva en un comportamiento rígido. La opinión se convierte en una creencia limitante o apremiante.

La dinámica de la creencia es tender a lo universal y a la sobregeneralización. En las creencias están incluidos —de manera implícita o explícita— los conceptos «siempre», «jamás», «todo el mundo»..., lo que en PNL llamamos «cuantificadores universales».

 

Una manera simple de verificar si la creencia es limitante o no es comenzar a quebrantarla, cuestionarla en el sentido inverso de lo que esa creencia enuncia.

 

En ocasiones es posible que una parte de la creencia está soldado, vinculado al otro, mediante un vínculo de exclusividad. No hay otro desenlace; se trata claramente de una creencia que puede ser limitante en extremo, ya que fija una condición sine qua non para la realización de un escenario de vida.

 

La lectura del pensamiento es, entonces, un mecanismo por el cual, de manera inconsciente, atribuimos a los demás nuestros propios pensamientos y deducciones, nuestra propia lógica interna, nuestros valores, nuestros temores y, con mucha frecuencia, los comportamientos o las actitudes que nosotros habríamos tenido en una situación similar. Es lo que llamamos proyección. Es el inconsciente el que actúa al creer de verdad que es la otra persona quien tiene esos pensamientos, esos valores y esas actitudes. Es algo por completo inconsciente, automático y, por tanto, muy activo entre muchos individuos.  

Así, generalmente, la creencia es por entero, o en gran parte, inconsciente. 

La emoción y el comportamiento son indicadores equivalentes de la presencia de una creencia. 

Reconocemos en el enunciado la supervivencia, el reconocimiento y la seguridad, tres criterios importantes que generan estrés, porque, cuando no se satisfacen, la persona se siente en peligro. 

El territorio perteneciente a una creencia se inscribe en una red más grande de creencias entrelazadas. Para conocer esta red, en ocasiones es necesario proceder a un cuestionamiento preciso que parte del primer enunciado de la creencia. 

Las creencias actúan como un filtro que orienta nuestra atención y limita nuestras percepciones de los estímulos que provienen del medio ambiente; de hecho, realizan una selección de información. 

A cada momento recibimos una cantidad incalculable de estímulos que provienen tanto del medio ambiente exterior como de nuestro mundo interno (corporal y psicológico), lo cual desborda en gran medida nuestras capacidades neurocognitivas de procesamiento de la información. Por esta razón debemos seleccionar las informaciones, retener algunas y eliminar otras. Estos procesos ocurren de manera muy rápida y automática. 

Las investigaciones realizadas por el psicólogo Bruner demuestran además que la percepción, por sí misma, en el primer momento del procesamiento de la información —que consiste en la percepción sensorial— realiza ya la tarea de la selección. Además, esta selección no sucede al azar, sino en función de las motivaciones. No solo comprendemos, interpretamos o probamos las cosas de manera diferente, sino que, incluso en el plano sensorial perceptivo, no percibimos las mismas cosas. 

Esta persona solo retiene de la información aquello que refuerza sus creencias. 

La creencia nos hace retener las informaciones sobre la percepción de nosotros mismos y del medio ambiente, y también nos hace eliminar otras. Nos conduce a caer en el error lógico que los teóricos cognitivos llaman «abstracción selectiva», es decir, que realizamos una selección de informaciones a través de la abstracción de todas las demás, en particular de aquellas que van en contra de nuestros sistemas de creencias. Omitimos lo que nos perturba, lo que nos contradice o aquello que no entra en nuestros marcos de creencias. Esta selección de la información no se realiza por azar ni por el simple efecto de la saturación de nuestras capacidades neurocognitivas de procesamiento de la información, sino que responde a todo un mundo de representaciones, de motivaciones, de intenciones, de valores y de deseos. Una persona que sufre depresión enuncia cierto número de creencias negativas en relación consigo misma, así como con el mundo y con el futuro. Es la «tríada infernal»' descrita por A. Beck. Esta persona solo retiene de la información aquello que refuerza sus creencias. 

Las creencias actúan como estabilizadores. Suministran, por decirlo así, una guía o un modo de empleo que nos permitirá dar sentido a nuestra vida y a nuestras experiencias, que establecerá y mantendrá una coherencia en el mundo que nos rodea y en nuestro mundo interno. 

El hecho de eliminar informaciones nos permite reducir las divergencias y mantenernos en la ilusión de contar con una comprensión del mundo lo bastante sólida para que podamos descansar en esta con tranquilidad. Es una cuestión de equilibrio, de estabilidad. 

La misma joven para quien todos los hombres son mentirosos me decía: «Prefiero creer que todos los hombres son mentirosos; si no, yo no podría desconfiar... Siendo confiada, si un día encontrase a un hombre en quien yo confiara y él me mintiese, sería demasiado duro para mí. No podría soportarlo una vez más». 

Podemos percibir, en este caso, el sentido y la utilidad de nuestras creencias, que pretende ser vital, pero que a la vez las vuelven tan rígidas. 


Las creencias son autovalidantes, es decir, se verifican a sí mismas y no admiten duda. El objetivo de las creencias es probar lo que afirman, de acuerdo con el principio de la profecía autocumplida (Self fulfilling  prophecies) descrito por los teóricos de la escuela de Palo Alto.


La creencia actúa como una profecía. Veamos dos ejemplos:

El autocumplimiento de las creencias se asemeja a un principio descubierto hace ya mucho tiempo por el célebre Emilio Coué.

Como pionero, Coué exploró los caminos del inconsciente y des-cubrió el poder de la sugestión y de lo que llamaba «imaginación» (el subconsciente). Este poder, afirmaba, es mucho más fuerte que la voluntad (el consciente) y cuando hay conflictos entre estos, «es siempre la imaginación la que triunfa».

Coué enunció un principio fundamental del funcionamiento psíquico, que consiste en que «todo pensamiento que generamos tiende a convertirse en realidad». Aquí no se trata de pensamientos racionales o lógicos del sistema consciente, sino de pensamientos del inconsciente: creencias, representaciones, fantasmas.


Dicho de otro modo, si creemos que algo es difícil para nosotros, será difícil, en efecto; si creemos que estamos enfermos, estaremos enfermos, etcétera.


La imaginación funciona como un escudo con tendencia a reforzarse a sí mismo, de tal manera que provocamos una especie de reforzamiento de nuestras creencias al darles (generalmente de manera no consciente) la posibilidad de realizarse. Es suficiente con cambiar de creencias para que las cosas a nuestro alrededor cambien o nos parezcan diferentes.


Otra ley fundamental interviene en el proceso de curación por medio de la autosugestión: la que C. Baudoin, discípulo de Coué, llamó «ley de finalidad subconsciente». El principio es simple: cuando el subconsciente (la imaginación) ha comprendido y aceptado la necesidad de un cambio, cualquiera que este sea, pone en marcha los medios necesarios para alcanzarlo, iy hace uso de mucha... imaginación].


Si, por ejemplo, el subconsciente integra la sugestión de una cura-ción física, pondrá en marcha los procesos orgánicos necesarios para lograr ese fin. Esta ley se comprueba en innumerables casos de curaciones recogidas por Coué.


Por tanto, no es necesario que el sujeto comprenda a nivel consciente los detalles de lo que está por suceder, ya que el subconsciente lo sabe, hace su trabajo, moviliza su energía, etcétera.

 

Las palabras «yo en verdad quisiera» llevan siempre implícito el mensaje «pero no puedo». Si sufres por algún motivo, no digas jamás «Voy a intentar hacer desaparecer eso», sino «Voy a hacer que eso desaparezca»; porque «cuando hay dudas no hay resultados».


La creencia existe sin noción de verificación o de validación. Es una idea suficiente en sí misma y excluye toda necesidad de verificación exterior. La adhesión personal interna es suficiente para su validación. La persona no busca la verificación y, si esta se presenta, no le interesa. La creencia no es lógica, racional o científica. Crea una separación entre la persona y la retroalimentación de la realidad. La persona no está ya en contacto con la retroalimentación, con el regreso de información que es la realidad, sino con su propia percepción de su interpretación de la realidad.

Toda verificación de una creencia limitante es subjetiva: «Yo siento eso, por tanto, es verdad».

Interpretamos los acontecimientos del mundo en función de lo que creemos, más que en función de elementos objetivos. El ser humano, pues, es todo excepto un animal racional. Los valores, las creencias y las motivaciones intervienen en la elaboración de nuestra comprensión del mundo. La percepción misma de lo real está sometida a la prioridad de la imaginación.

Nosotros no reaccionamos ante otros seres humanos o ante los acontecimientos del mundo, sino ante lo que interpretamos, ante nuestros propios movimientos psíquicos, compuestos por pensamientos y emociones.

Nuestras creencias nos condicionan y nos colocan en posición de dependencia del ambiente. Las creencias enmascaran nuestra libertad de ser lo que en realidad somos. Están íntimamente ligadas a la manera en que utilizamos nuestro pensamiento. De modo inconsciente, a través del pensamiento, establecemos un mundo virtual que no tiene relación alguna con la realidad tal como es, sino que corresponde a lo que quisiéramos que fuera o que no fuera. Con esta pseudorrealidad tomamos como realidad aquella con la que estamos relacionados. Eso es lo que fundamenta nuestro malestar, nuestras crisis, nuestras patologías y nuestras insatisfacciones crónicas.


«Recuerda que no es esa persona quien te dice injurias, ni quien te golpea, ni quien te agravia, sino la opinión que tienes sobre ella, que hace que la veas como una persona que te agravia. Cuando alguien te hace daño y te irrita, debes saber que no es la persona quien te irrita, sino tu opinión. Esfuérzate, por ello, ante todo, en no dejarte llevar por tu imaginación».