Este artículo en audio hecho por ordenador. 1ª parte

 

En primer lugar, porque nuestras creencias forman una pantalla entre el mundo exterior, los sucesos y nosotros mismos 2. Son representaciones de la realidad que, por lo general, tendemos a confundir con la realidad misma..., pero cuyo origen, al avanzar en el camino, hemos olvidado...

 

En segundo lugar, las creencias perpetúan los sufrimientos del pasado. En nuestras prácticas profesionales constatamos hasta qué punto una persona puede estar marcada, modelada en su comportamiento, sus pensamientos o sus emociones, traumatizada por un acontecimiento muy antiguo... ¿Por qué los traumas pasados, las historias conflictivas —ya sean personales, familiares o transgeneracionales, sobreviven y se repiten incluso ahora..., aunque el acontecimiento que los provoca haya sucedido hace diez años o hace tres generaciones?

 

En apariencia cerrado, cronológicamente terminado, ¿cómo es posible que un acontecimiento sucedido hace cuarenta y tres años, cinco meses y diez días permanezca activo en nuestro «aquí y ahora», dando aún forma a nuestra relación en el presente, en el mundo, y a nosotros mismos? Pensamos que esa es precisamente una de las funciones principales de las creencias: hacer atravesar el tiempo a nuestro pasado vivido..., repetir para no olvidar... Esto es lo que algunos llaman «aprendizaje».

 

La creencia no es una opinión; es un acto que involucra la totalidad del cuerpo cognitivo, emocional y del comportamiento

En el terreno de los afectos, resulta bastante evidente que nuestras elecciones, nuestras implicaciones y nuestros rechazos hacia una u otra persona no se realizan por azar. Más bien responden a cierto número de valores que están estrechamente ligados con nuestras creencias fun­damentales.

La cuestión de las enfermedades, sus causas, su sentido, es un nicho donde se acomodan también numerosas creencias. El enfoque de la biodecodificación de las enfermedades se pregunta por el lazo que existe entre el desarrollo de una enfermedad, los acontecimientos de la vida y los factores psicobiológicos, entre los cuales las creencias se sitúan en primer plano.

 

Pero este hombre reaccionaba de tal suerte porque tenía la creencia de que el trabajo es esencial para darle un sentido a la vida, para tener una identidad estable. Si, por el contrario, en el sistema de creencias de este hombre el trabajo fuera sinónimo de aburrimiento o de pena, no viviría el despido de manera dramática y no sería motivo para experimentar un suceso emocional negativo.

 

Como es evidente, la lista de reacciones puede ser muy larga si consideramos todos los ámbitos de nuestra existencia, y dado que, la mayor parte del tiempo, las respuestas quedan fuera del campo de nuestra conciencia. Mientras no nos hagamos preguntas, creeremos estar eligiendo.

 

«El ser humano puede hacer lo que quiera, pero no decide lo que quiere», escribió Einstein.

 

Nuestras creencias deciden todo en nosotros, tanto los deseos como las repulsiones. Son activas, no conscientes y determinantes. Ocasionan la lluvia y el tiempo bueno de nuestras vidas, en nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, en nuestras emociones y nuestros comportamientos. En nuestro cerebro se produce un destello, un golpe relámpago, una brisa ligera, un viento alisio o una bruma espesa, según pensemos que la vida es difícil, dura, que es necesario luchar y sufrir o que estamos en el mundo para gozar y para descubrir la felicidad.

 

Las afirmaciones, pensamientos o ideas que se imponen en nosotros como evidencias, en ocasiones no son verdaderos, o nunca lo son. Una afirmación puede ser verdadera en un contexto determinado, y probadamente falsa en otro. Ciertas creencias proceden de una generalización por omisión del contexto en el cual sus enunciados han sido comprobados.

 

LA CREENCIA ES UN VÍNCULO ARBITRARIO ENTRE DOS OBJETOS.

 

ESTE VÍNCULO ES, O BIEN DE IGUALDAD, O BIEN DE IMPLICACIÓN

 

En el terreno psicológico estamos sostenidos, dirigidos, por nuestras creencias. Estas tienen una estructura formal y un contenido. El contenido varía hasta el infinito 1, pero la estructura siempre es la misma: es un vínculo arbitrario entre dos objetos, ya sean concretos o abstractos.

 

 

 

Espero de todo corazón que seas capaz de comprender cuántas de las creencias que impulsan tu vida son falsas y auto limitadas, y que te sientas motivado a cambiar dichas creencias. Puedes recuperar el control de tu vida y encaminarte hacia una existencia sana y feliz. 

 

Esta información es poderosa.

 

Sé que lo es. La vida que me he forjado utilizándola es mucho más plena y satisfactoria, y ya no me pregunto a mí mismo: «Si pudieras ser cualquier otra persona, ¿quién serías?». Porque ahora la respuesta es obvia, ¡quiero ser yo

 

No son las hormonas ni los neurotransmisores producidos por los genes los que controlan nuestro cuerpo y nuestra mente; son nuestras creencias las que controlan nuestro cuerpo, nuestra mente y, por tanto, nuestra vida...

 

Es necesario precisar tres términos: ley, superstición y creencia.

 

La ley se presenta como una verdad, un absoluto, un hecho científico probado e innegable; por ejemplo: «la madera se quema», «un objeto que se suelta cae al suelo», «el agua pura se congela a cero grados e inicia su ebullición a cien grados, a la presión atmosférica de un bar». Estas constituyen leyes físicas y químicas, y otras buscan leyes biológicas o psicológicas del ser vivo. Una ley no tiene excepciones y siempre prevalecen sus condiciones de validez (el contexto en el cual la ley es exacta, así como las características necesarias y/o suficientes de los objetos) .

 

La superstición debe incluirse en el campo de las creencias.

Una creencia, como hemos dicho al comienzo de estas páginas, es un vínculo arbitrario entre dos objetos

Ahora debemos precisar de qué tipo de objetos se trata, para a continuación estudiar e interrogar el vínculo. Lo cierto es que la terapia no tendrá efecto sino sobre ese vínculo, para cuestionarlo, pero respetará siempre a los objetos. Todo valor es, en sí mismo, laudable: es el vínculo el que creará, o no, un límite o una obligación.

Estos objetos son de dos tipos: equivalencias concretas y valores.

 

LAS EQUIVALENCIAS CONCRETAS

La expresión «equivalencias concretas», o «equivalencias complejas», indica el objeto tangible, concreto, identificable, que sirve de indicador personal para la satisfacción o no de un valor (abstracto, invisible).

 

 

Por ejemplo, en una creencia enunciada como «amarse es dar todo lo que se posee: tus libros, tu casa, tu automóvil», el hecho de compartir los libros, el automóvil o la casa es el equivalente concreto del valor «amor». Es un signo concreto, una manifestación tangible y objetiva por la cual la persona que tiene esa creencia va a poder probar y verificar que su valor de amor está satisfecho.

Amar (valor abstracto) = dar todo (concretamente)

Otra persona, para quien el amor es también un valor fundamental, puede mostrar equivalencias concretas totalmente diferentes. Para ella el amor se comprobaría de otra manera; por ejemplo, con el hecho de sentir que es escuchada: «Para sentirme amada debo ser escuchada. Y eso, por quien sea». Su equivalencia del amor, su única manera de sentirse segura de ser amada y de constatar que su pareja la ama, consiste en que el hombre tenga al menos un oído dispuesto, que esté atento y que sea capaz de repetir todo aquello que ella acaba de decir, para así poder estar segura de haber sido escuchada...

Amar = escuchar concreto

Esto, bien entendido, puede implicar la formación de creencias diferentes y de muchos conflictos relacionales que resultan ser, en realidad, conflictos de creencias.

En cierta manera, puede decirse que la creencia es una superstición inconsciente que tiene para algunas personas el valor de una ley.

«Si estoy mal vestida, no van a quererme». Esta idea es vivida por la mujer que detenta esta creencia limitante como una verdad, una ley, mientras que para el observador exterior no es más que una creencia, una regla personal, arbitraria y poco segura.

LOS VALORES

Los valores son como los huesos de nuestro esqueleto. Nos estructuran, nos permiten mantenernos erguidos y son los puntos de amarre de los equivalentes musculares que son nuestros movimientos y nuestros proyectos. Se asocian entre ellos para formar unidades funcionales: «los territorios de creencias», el esqueleto de nuestro ser.

Comparables con los huesos, los valores nos sobreviven. Es con ellos con lo que el mundo nos recordará después de nuestra muerte. Es todo lo que queda en los cementerios, lo que queda también de los dinosaurios...

 

Una creencia se organiza alrededor de uno o de varios valores. Cuando una creencia implica una emoción negativa importante, puede establecerse la hipótesis de que está relacionada con un valor fundamental para la persona. Las creencias verdaderamente limitantes, aquellas que generan mucho malestar o angustia, están siempre asociadas con un valor elevado: supervivencia, existencia, amor, seguridad, por mencionar solo algunos. Lo limitante para el ser humano, origen de emociones agradables o desagradables, quizá no sea tanto la creencia en sí misma como el grado de importancia de los valores que lleva implícitos.

 

 

La importancia de conocer los valores es fundamental. Detrás de cualquier queja o lamento se esconde una creencia relacionada con un valor que busca ser satisfecho.

 

Lista no exhaustiva de nuestros valores:

 

La vida                    ---   El amor              ---     El reconocimiento  

 

La seguridad          ---   La libertad        ---      El respeto

 

La relación            ---     La confianza        ---   La autenticidad

 

La verdad               ---      La eficacia        ---    La competencia

 

La comunicación     ---   La justicia        ---     La estética

 

La felicidad               ---   El placer         ---      La paz

 

La existencia             ---  La perfección    ---  La armonía

 

La responsabilidad   ---   Compartir       ---   El servicio

 

La disponibilidad    --      El control      --      La fuerza     --   La identidad

 

Como hemos podido comprobar, los valores siempre son formulados de manera positiva'.

 

En nuestra opinión, siempre existe un criterio subjetivo subyacente, incluso en los que son más negativos en apariencia. Uno de los postulados básicos de la PNL es que todos nuestros comportamientos, pensamientos y actitudes se basan en un objetivo positivo, una «intención positiva». Esto se observa también en el campo de la patología o en los problemas del comportamiento.