La razón. Todos sabemos que el ser humano la tiene, tiene capacidad de razonar, y esto es precisamente lo que le diferencia de los animales y demás organismos terrestres. El diccionario de la lengua española dice "Razón:  Facultad del hombre de pensar o discurrir". Todos pensamos, razonamos y argumentamos. Todos usamos de forma inteligente nuestra materia gris.

 

Con frecuencia se opone la razón al sentimiento, es decir, lo que pasa por la cabeza frente a lo que pasa por el corazón. En algunas ocasiones nos sentimos perplejos ante dos voces que nos hablan interiormente con fuerza y claridad pero de forma contradictoria. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado si debíamos escuchar lo que nos decía la cabeza o lo que nos gritaba el corazón?... Sin una referencia segura, cada uno ha hecho lo que ha podido sin saber con exactitud a cuál tenía que seguir.

 

El corazón humano genera un campo energético toroidal enorme, que interactúa con el resto de campos energéticos de todo lo que nos rodea. Tus intenciones y tu estado interior determinan lo que emites y por lo tanto lo que atraes, así que eres más responsable de lo que creías de lo que viene a tu vida.

 

La partícula más pequeña de materia física que existe (la "Unidad fundamental del Universo") también tiene esa forma de toroide.

 

Nosotros, nuestro cuerpo es un campo energético toroidal.

 

La inteligencia también la podemos encontrar en el corazón.