Establecer límites emocionales

 

Los límites emocionales nos capacitan para protegernos, nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos, y por tanto, nos facilitan la relación con los demás. Poner límites es respetar espacios y tiempos ajenos, nos ayuda a asegurarnos de que nuestro comportamiento es apropiado e impide que ofendamos a los demás o seamos ofendidos. Si hemos establecido límites normales, nos damos cuenta de cuándo estamos siendo abusados. La persona que no ha puesto límites no se da cuenta de que está siendo abusada física, emocional o intelectualmente.

 

Lamentablemente, los codependientes permanecen en relaciones abusivas porque no han sabido establecer límites a su comportamiento. Esto está muy relacionado con nuestro Dharma, donde nuestro Maestro siempre nos pedirá svadiyaya y pranidhana, requisitos imprescindibles para que la práctica del Guru Yoga surja de manera natural. La Libertad no tiene nada que ver con permitir a nuestro ego hacer lo que le plazca sino a nuestro Ser.

 

Los padres deben enseñar a sus hijos a poner límites desde que son pequeños. La forma en que un niño aprende es diciendo "no" cuando sea preciso, pero sin despotismo sino siendo amable, lo cual le ayuda a reafirmar su identidad personal. Los padres "normales" comprenden que las necesidades y los sentimientos de sus hijos deben de ser respetados pero no consentidos ad infinitum. Sin embargo, en las familias disfuncionales, la atención la recibe la persona enferma o adicta, y sus hijos amoldan su comportamiento para complacer a esa persona o para evitar disgustarle. Cuando los niños se enfocan en sus padres, pasando por alto sus necesidades y sentimientos, no adquieren los recursos necesarios para poder reconocer sus propios sentimientos, saber lo que piensan, quienes son, o para aprender a comportarse en ciertas ocasiones. Esto es, precisamente, lo que hace que la persona no tenga o ponga límites, y se convierta en codependiente.

 

En muchos casos, los hijos de padres codependientes temen las consecuencias si se niegan a hacer algo que ellos consideran injusto o inapropiado. Debido a esto quizás jamás aprendan donde terminan sus límites y comienzan los de los demás. Los padres, o maestros de escuela, no violan deliberadamente los límites de los niños; y si lo hacen es porque no tienen un claro sentido de su propia identidad o no comprenden la importancia de enseñar a los niños a poner límites. Cuando nuestros límites emocionales son violados, nos sentimos devaluados como personas, no podemos aceptar o dar amor de una forma normal y adecuada. Construimos muros y corazas en lugar de límites, e inclusive rechazamos los halagos que nos hacen y dudamos de cualquier persona que esté tratando de acercarse a nosotros.

 

La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestar atención a nuestros sentimientos de vergüenza. Si la sentimos con ciertas personas, nos debemos preguntar si nuestros límites están siendo violados, y examinar nuestros sentimientos para poder saberlo. Si nos damos cuenta de que alguien los ha violado, debemos expresar lo que nos hace sentir mal mas no exigir que el otro cambie, aunque en ese momento todavía no sepamos el por qué.

 

Es imprescindible que aprendamos a valorarnos, a consolar, a cuidar al niño que todos llevamos adentro. Si los sentimientos de temor, ira o dolor nos agobian, debemos buscar ayuda profesional. De ese modo, conoceremos su origen, aprenderemos a cuidarnos, a valorarnos, a establecer límites. Escribir un diario, por ejemplo, puede ayudarnos a conocernos mejor, a darnos cuenta de muchas cosas, a saber lo que nos gusta o disgusta, y, sobretodo, lo que deseamos llegar a ser.

 

Cuando comenzamos a establecer límites, a veces encontramos oposición en los que están más cerca de nosotros, especialmente de aquellos que violaron nuestros límites. Quizás hasta nuestra relación con ellos se deteriore temporalmente. Sin embargo, con el tiempo, según vayamos sanándonos, nuestras relaciones mejorarán. Nadie más que nosotros mismos puede establecer los límites que necesitamos. El hacerlo quizás requiera ayuda o guía profesional, pero la responsabilidad total para hacerlo la tenemos cada uno de nosotros, individualmente.

 

Para recordar:

Aprende a expresar lo que te hace sentir mal, mas no a exigir ni a reclamar.

Cuando expresas presta mucha atención a lo que dices y cómo lo dices.

Da a los demás lo que te gustaría recibir, pero da lo mejor de ti sin esperar nada a cambio porque quien espera, desespera.

 

Para ser respetado primero debemos aprender a respetar aunque mucho antes debemos respetarnos a nosotros mismos sin autoengaños, victimismos, sabotajes, etc.