La importancia de los trastornos ligados al estrés –como la depresión y la ansiedad- en las sociedades occidentales es bien conocida. Las cifras son alarmantes:

 

 ● Los estudios clínicos sugieren que entre el 50 y el 75% de todas las visitas al médico están motivadas sobre todo por el estrés. y que, en términos de mortalidad, el estrés es un factor de riesgo más grave que el tabaco.

 

 ● De hecho, la mayoría de los medicamentos más utilizados en los países occidentales pretende tratar problemas directamente relacionados con el estrés, son: los antidepresivos, ansiolíticos y somníferos, los antiácidos, para la acidez y úlceras de estómago, y los dedicados a combatir la hipertensión y el colesterol.

 

  ● Según un informe del Instituto Nacional de Medicamentos de Francia, los franceses se hallan, desde hace bastantes años, entre los mayores consumidores mundiales de antidepresivos y tranquilizantes. Con un francés de cada siete consumiendo regularmente un medicamento psicótropo, Francia está claramente por delante de todos los países occidentales. El consumo es incluso el 40% superior al de Estados Unidos. En Francia se ha duplicado el uso de antidepresivos en los últimos diez años. Los franceses también son los mayores consumidores de alcohol del mundo; pues a menudo el consumo de alcohol es una manera de tratar los problemas de estrés y depresión.

 

  Aunque los problemas de estrés, ansiedad y depresión no hacen sino aumentar, los que los sufren a ambos lados del Atlántico no hacen más que poner en cuestión los pilares tradicionales de la medicina de las emociones: el psicoanálisis, por una parte, y los medicamentos, por otra. Un estudio de Harvard ha mostrado que desde 1997 la mayoría de los estadounidenses prefieren los llamados métodos <<alternativos y complementarios>> para aliviar su sufrimiento, frente a medicamentos o una psicoterapia convencional.

 

  La noción de coherencia del corazón, y el hecho de que sea posible aprender a controlarla con facilidad, va en contra de todas las ideas recibidas acerca de la manera de controlar el estrés. Un estrés crónico provoca ansiedad y depresión. También implica consecuencias negativas en el cuerpo: insomnio, arrugas, hipertensión, palpitaciones, dolor de espalda, problemas de la piel, de digestión, infecciones recurrentes, esterilidad, impotencia sexual. Y afecta asimismo a las relaciones sociales y al rendimiento profesional: irritabilidad, pérdida de la capacidad de escuchar, descenso de la concentración, repliegue sobre uno mismo y pérdida del espíritu de equipo. Estos síntomas son típicos de lo que se denomina sobrecarga laboral, que puede influir tanto en el trabajo como en el hecho de sentirse bloqueado en una relación afectiva que nos vacía de toda nuestra energía. En una situación así, la reacción más corriente suele ser la de concentrarse en las condiciones externas.  Uno se dice: <<Si pudiera cambiar mi situación me sentiría mucho mejor mentalmente, y de paso mi cuerpo también funcionaría mejor>>. Pero mientras tanto, apretamos los dientes, esperamos el próximo fin de semana o las vacaciones, soñamos con días mejores en el “después”. Todo se arreglará <<cuando pueda por fin acabar los estudios… cuando cambie de trabajo… cuando los niños ya no estén en casa… cuando abandone a mi marido… cuando me jubile…>>, y así sin parar. Por desgracia, las cosas no suelen suceder de esa manera. Los mismos problemas tienen tendencia a salir a la superficie en situaciones distintas, y el fantasma de un jardín del Edén hallado por fin un poco más adelante, en el próximo cruce, se convierte enseguida en nuestro método principal de control del estrés. Resulta triste que a menudo vayamos tirando de esa manera hasta el día de nuestra muerte.

 

 

La conclusión que se puede extraer de los estudios sobre los beneficios de la coherencia cardíaca está en las antípodas de lo anterior: hay que afrontar el problema al contrario. En lugar de intentar siempre obtener circunstancias externas ideales, hay que empezar por controlar el interior: nuestra fisiología. Al acabar con el caos fisiológico y maximizar la coherencia, nos sentimos mejor de manera automática, de repente, y mejoraremos nuestra relación con los demás, nuestra concentración, nuestra eficacia y nuestros resultados. De pronto, las circunstancias favorables tras las que no se cesa de correr acabarán por producirse, pero podría decirse que se tata de un efecto colateral, de un beneficio secundario de la coherencia, pues desde que domesticamos nuestro ser interior, lo que nos llega del mundo exterior tiene menos agarre en nosotros.