Capítulo 4 del libro de Joe Dispensa. Los tres cerebros de Paul M.

Un pequeño audio sobre el cerebro y su evolución

Los dos cerebros: cognitivo y emocional

Habría que esperar a finales del siglo XX para que Antonio Damasio, un gran médico e investigador estadounidense de origen portugués, proporcionase una explicación neurológica a la tensión constante entre el cerebro primitivo y el cerebro racional –las pasiones y la razón- en términos que sin duda habrían satisfechos a Freud. Yendo todavía más allá, Damasio también mostró por qué las emociones son simplemente indispensables para la razón.

Para Damasio, la vida psíquica es resultado de un esfuerzo permanente de simbiosis entre dos cerebros. Por un lado, un cerebro cognitivo, consciente, racional y volcado en el mundo externo. Por otro, un cerebro emocional, inconsciente, preocupado sobre todo por sobrevivir y ante todo conectado al cuerpo. Estos dos cerebros son relativamente independientes entre sí, y cada uno de ellos contribuye de manera muy distinta a nuestra experiencia de la vida y a nuestro comportamiento. Como ya predijera Darwin, el cerebro humano incluye dos grandes partes: en lo más profundo del cerebro, en el mismo centro, se encuentra el cerebro antiguo, el que compartimos con todos los mamíferos y, en parte, con los reptiles. Es la primera capa dispuesta por la evolución.

 

 Paul Broca, el gran neurólogo francés del siglo XIX, que fue el primero en describirlo, le dio el nombre de cerebro <<límbico>>.  Alrededor de este cerebro límbico, y a lo largo de millones de años de evolución, se ha formado una capa mucho más reciente, un cerebro nuevo, o <<neocórtex>>, que en latín significa: “corteza nueva” o “envoltorio nuevo”.

 

El cerebro límbico controla las emociones y la fisiología del cuerpo         

El cerebro límbico está constituido por las capas más profundas del cerebro humano. De hecho es un <<cerebro en el interior del cerebro>>. Una imagen realizada en mi laboratorio de ciencias neurocognitivas de la Universidad de Pittsburg, permite ilustrar esta idea. Cuando se les inyecta a voluntarios una substancia que estimula directamente la parte del cerebro profundo responsable del miedo, se ve cómo se activa el cerebro emocional –casi como si fuese una bombilla encendiéndose-, mientras que a su alrededor el neocórtex no muestra actividad alguna.

 

En el transcurso del estudio del que se extrajo esta ilustración, fui el primero en hacerme inyectar dicha substancia, que activa directamente el cerebro emocional. Recuerdo muy bien la extraña sensación que tuve: me sentí aterrorizado, sin saber por qué. Fue una experiencia de puro miedo, de un miedo que no formaba parte de ningún objeto particular. Son muchos los participantes de este estudio que han descrito la misma y extraña sensación de miedo intenso y  “flotante”, que por fortuna no duraba más que unos minutos.

La organización del cerebro emocional es bastante más simple que la del neocórtex. A diferencia de lo que sucede en este último, la mayoría de las áreas del cerebro límbico o están organizadas en capas regulares de neuronas que permiten el tratamiento de la información, sino que las neuronas están más bien amalgamadas. A causa de esta estructura más rudimentaria, el tratamiento de la información por parte del cerebro emocional es mucho más primitivo que el efectuado por el neocórtex. Pero es más rápido y está más adaptado a reacciones esenciales para la supervivencia. Por esta razón, por ejemplo,  en la penumbra de un bosque, un pedazo de madera en el suelo puede parecer una serpiente y desencadenar una reacción de temor. Antes de que el resto del cerebro pueda completar el análisis y concluir que se trataba de un objeto inofensivo, el cerebro emocional desencadenará, basándose en informes muy parciales y a menudo incorrectos, la reacción de supervivencia que le parezca más adecuada.

El propio tejido del cerebro emocional e distinto del neocórtex. Cuando un virus como el del herpes o de la rabia ataca al cerebro, sólo queda infectado el cerebro profundo, y no el neocórtex.  Por esta razón, la primera manifestación de la rabia es un comportamiento emocional muy anormal.

 El cerebro límbico es un centro de control que recoge continuamente informaciones provenientes de distintas partes del cuerpo y que responde de manera apropiada controlando el equilibrio fisiológico: la respiración, el ritmo cardíaco, la tensión arterial, el apetito, el sueño, la libido, la secreción de hormonas, e incluso el funcionamiento del sistema inmunitario, están bajo sus órdenes. El papel del cerebro límbico parece ser mantener las diferentes funciones en equilibrio, el estado que el padre de la fisiología moderna, el sabio francés de finales del siglo XIX, Claude Bernard, llamó <<homeostasis>>: el equilibrio dinámico que nos mantiene con vida.

Desde este punto de vista, nuestras emociones no son más que la experiencia consciente de un largo conjunto de reacciones fisiológicas que regulan y ajustan continuamente la actividad de los sistemas biológicos del cuerpo a los imperativos del entorno interno y externo.  El cerebro emocional mantiene, pues, casi una mayor intimidad con el cuerpo que con el cerebro cognitivo. Y por esta razón suele ser más fácil acceder a las emociones a través del cuerpo que mediante la palabra.

 

 

LOS TRES CEREBROS

 

El cerebro humano está compuesto de tres partes, las que tienen funciones específicas cada una:

Cerebro Reptiliano: rige al instinto en general e instinto sexual, es el que establece y defiende su territorio. Es responsable de las ansias de poder, prestigio y dominación. Causante del materialismo, posesión, jerarquía, egoísmo.

Cerebro Mamífero: rige las funciones relacionadas a la auto conservación y la conservación de la especie. También regula las hormonas sexuales y el comportamiento emocional, gusto, disgusto, placer, desagrado, calma y violencia.

Cerebro Neo-Cortex: rige la inteligencia conceptual y la razón. Es el que observa y medita sobre una situación antes de actuar. No se guía por el impulso, sino por la reflexión.

Se divide a la vez, en dos partes:

Izquierdo: pensamiento analítico, lenguaje, lectura y razonamiento, cálculo.

Derecho: la intuición, la creación, la conciencia artística.

 El humano debe despertar, armonizar los 3 cerebros y desconectarlos del ego-esquema, para realizarse como persona.

 El humano primate tenía activo solamente los cerebros reptiliano y mamífero.

 El humano primate actual que no desea cambiar está regido por el cerebro reptiliano, que representa el instinto de supervivencia. Este cerebro rechaza todo cambio por considerarlo un peligro a su existencia. Antes reaccionaba a los animales salvajes de su entorno, ahora reacciona contra los jefes, cambios espirituales, climáticos, de gobiernos, nuevas propuestas políticas, etc.. Está atado a lo que ya conoce y ni está en sus planes cambiar nada. por ejemplo, ni su religión ni su partido político, ni su hábitat, ni club de fútbol.

El cerebro reptiliano activa los mecanismos de defensa del cuerpo y el ego-esquema justifica y determina la acción según los condicionamientos que tenga cargados.

Cuando se presenta algo nuevo, se activa esta parte del cerebro y le avisa del peligro, activando el mecanismo de supervivencia. Y de acuerdo al ego-esquema de cada uno, salimos corriendo, rechazamos o enfrentamos la situación. El reptiliano emite grandes cantidades de adrenalina y todo su cuerpo está en pie de guerra. Nuestro comportamiento inferior está regido por los cerebros reptiliano y mamífero.

Cuando no entendemos nada de nada, es el cerebro reptiliano que está activado y el neo-córtex está desconectado. Lo desesperante de la situación de nuestro país, es que los cerebros reptiliano y mamífero, están activados permanentemente, es por eso que casi la mayoría es reacia a cambiar y prefieren permanecer en la ignorancia, por miedo a lo nuevo.

 

Practiquemos activar los tres cerebros:

 . Ejercicio 1:

 Relájese y visualice en una pantalla mental, todos los cambios que desea, para hacerle creer a su cerebro rerptiliano que son situaciones viejas y que no representan ninguna amenaza.

 

 . Ejercicio 2:

 Relájese, entre en frecuencia cerebral Alpha y tome un libro interesante pero profundo, que antes no lograba entender, por ejemplo, de filosofía o espiritualidad y léalo.

 A medida que repita estos ejercicios, sus cerebros se irán armonizando y el neo cortex, activando.

 La finalidad más elevada de la educación, es erradicar ese espíritu de resentido que llevamos dentro, el cual hace que boicoteemos cualquier iniciativa productiva trascendente, sólo porque la idea no fue concebida por nosotros. Esto significa que por nuestro ego idiota, elijamos estar todos en el fondo del pantano, antes que seguir a un líder que no haya salido de nuestro partido. Y al reforzar esta actitud sectaria, lo único que hacemos es reforzar el cerebro reptiliano, o sea, la parte primitiva de nuestro cerebro.

 Nuestra educación debe ir dirigida a despertar la parte cerebral llamada neo cortex, donde residen la parte analítica y creativa de uno mismo.

 

 

CONCLUSIONES:

 

El cerebro humano es como una computadora el cual registra millones de datos a través de los cinco sentidos a una velocidad vertiginosa ya que cuenta con un procesador el más rápido jamás construido. Sin embargo, no contamos con el instructivo de funcionamiento, de ahí la frase que dice que solo utilizamos el 10% de su capacidad y el 90 % restante esta por explotarse.

En la década de los setentas se le otorgó el premio novel de medicina a los doctores Sperry y Gazzaniga por sus estudios acerca del funcionamiento de los hemisferios cerebrales, demostrando con sus experimentos que cada hemisferio por separado desarrolla funciones diferentes en estilo y cualidad. Un hemisferio parece ser el dominante y, por lo general, es el izquierdo el que por mecanismos de conexión piramidal, rige el lado derecho del cuerpo, lo contrario sucede con el hemisferio derecho.

En el hemisferio izquierdo se ubican las funciones del control del lenguaje, el razonamiento lógico, la capacidad matemática y de lectura, de análisis y el sentido crítico. En el hemisferio derecho se relaciona con las funciones de la creatividad, la imaginación y la fantasía, las relaciones espaciales y la capacidad de síntesis. Se encuentran las emociones. Ambos hemisferios se encuentran unidos por un haz de fibras nerviosas llamado cuerpo calloso, el cual se encarga de enviar información de un lado a otro. Actualmente la educación debería estar encaminada desde los primeros años de escuela hasta los postgrados al desarrollo de ambos hemisferios.

Los últimos hallazgos científicos, nos dicen que tenemos varios cerebros dentro de nuestra cabeza. Los doctores James Papez y Paul Mac Lean descubrieron el carácter de “capas de cebolla” del cerebro, producto de las sucesivas evoluciones de las especies, el cual es llamado “cerebro triuno”, un órgano que física, química, y biológicamente es tres en uno. En la región inferior de la cabeza, alrededor de una estructura llamada “tallo cerebral” se encuentra un antiguo mecanismo neural que los seres humanos comparten con los reptiles. Rodeando esa área, hay una capa superior que forma el “Sistema Límbico”, el cual compartimos con los mamíferos. Por encima y alrededor del sistema límbico está una nueva capa la “neocorteza” que compartimos con chimpancés y delfines.

Cada parte del cerebro triuno, desempeña una función. El tallo y el límbico están fuertemente unidos por gruesas conexiones neurales y ejecutan programas básicos, de la vida; instintos, pulsiones, emociones, rituales, juegos. Cuidan de la supervivencia física y social. La neocorteza, formada por los hemisferios izquierdo y derecho, cumplen con la función de pensar, imaginar, crear, anticipar y mantener la conciencia alerta.

El cerebro Triuno es un misterio que en este momento está siendo develado, como todas las incógnitas que en esta era de la información se están despejando.  El cerebro Triuno en el caso de los seres humanos, se ha desarro-llado a través de sucesos revolucionarios, en aproximadamente 1.000.000 de años que tiene el ser humano poblando la tierra, según las últimas investigaciones de los científicos.