ACTITUD = SALUD

 

"De la misma forma que debemos cuidar que nuestros alimentos sean equilibrados e integrales, así deberíamos considerar lo que dejamos que penetre en nuestras mentes. Las ideas nos afectan de la misma manera que la comida y la bebida". Guía del I Ching

 

Según la tradición hawaiana: "Todo comienza en el pensamiento"

Observemos cómo de nuestra actitud depende nuestra salud:

ACTITUD: de la actitud que tenemos ante las cosas deriva un pensamiento.

 

"Cada pensamiento que tenemos provoca una reacción bioquímica en el cerebro. Acto seguido el cerebro libera unas señales químicas que se transmiten al cuerpo, donde actúan como mensajeros de los pensamientos y hacen que el cuerpo sienta exactamente lo que estás pensando. A su vez las sensaciones generan pensamientos (el cerebro siempre está atento a las señales del cuerpo) y así se establece un círculo interminable entre sensaciones y pensamientos y pensamientos y sensaciones.

 

Tenemos un pensamiento, este pensamiento accede, a través de los circuitos o redes neuronales, al hipotálamo, una especie de fábrica que genera unos péptidos (pequeñas proteínas que actúan como mensajeros químicos y que indican al cuerpo que debe activarse de una manera determinada) que son los sellos químicos de la emoción. Estos péptidos, a través de la hipófisis, se liberan en el torrente sanguíneo.

 

Cada péptido tiene una forma determinada, es un transmisor, con un específico código de barras. Una vez en el torrente sanguíneo este péptido busca la célula -célula receptora- en la que puede encajar. Es como si fuera una llave que busca su cerradura. Una vez la encuentra se adentra hacia el interior de la misma, accede a su núcleo, al ADN de la célula, lo modifica y continúa para formar parte de las proteínas de los diferentes tejidos y órganos del cuerpo humano.

 

Esto significa que si tenemos una actitud de enfado, de rabia, de tristeza, de angustia, nuestro pensamiento, a través de las redes neuronales, generará el péptido correspondiente a ese estado anímico. Buscará la célula receptora en la que encajará perfectamente, accederá a su interior, modificará el ADN en este sentido y todo nuestro organismo se va a sentir de esta manera, se va a sentir con enfado, rabia, tristeza y angustia2. Todas las células de nuestro cuerpo van a recibir estas emociones y así nos vamos a sentir. Esto es negativo, pero veamos el lado positivo: si en lugar de tener esta actitud negativa, enviamos alegría, amor, ánimo, todas nuestras células van a recibir estos péptidos y vamos a rebosar alegría, amor y ánimo por todos los poros de nuestro ser.

 

En EE.UU. realizaron el siguiente experimento: Cogieron una muestra de ADN de una persona y la llevaron a millas de distancia de la misma. Acto seguido le pusieron a ver una película de terror y observaron que el ADN se encogía, se secaba, como si envejeciera. A continuación a la misma persona le pusieron una película divertida y el mismo ADN se empezó a volver más elástico, se estiraba, rejuvenecía.

 

Por ello podemos afirmar que de nuestra ACTITUD depende nuestra SALUD:

ACTITUD - PENSAMIENTO - REDES NEURALES - HIPOTÁLAMO - PÉPTIDOS (pequeñas  Proteínas que actúan como mensajeros químicos) - HIPÓFISIS (se liberan en el torrente sanguíneo) – CÉLULA – ADN - PROTEÍNAS (de diferentes tejidos y órganos) - SALUD  - DE NUESTRA ACTITUD depende nuestra SALUD

 

Así, cada sentimiento negativo que tenemos (tristeza, rabia, miedo, duda) proviene de un pensamiento erróneo que provoca una densidad que debe ser liberada.

"Nosotros nos estamos matando a nosotros mismos o nutriéndonos a nosotros mismos. No existe un camino intermedio.

A menudo seguimos patrones neuronales o caminos antiguos que ya no nos sirven. Son caminos neuronales que tenemos muy usados, que están anticuados. Ante la misma situación reaccionamos de la misma manera.

Por ejemplo:  El esposo al llegar a casa se dirige a su despacho y se encuentra toda la mesa limpia de papeles; a continuación le pregunta a su esposa "¿Quién me ha limpiado la mesa de papeles?" la esposa le contesta: "te he arreglado un poco la mesa porque estaba súper desordenada". A lo que el marido le replica: "ya me has tenido que tocar mis cosas y eran cosas importantes. ¡Claro como que para ti no lo son!". La esposa: "ya sé que son importantes, te las he dejado allí. Alguien tiene que limpiar un poco, si no fuera por mí vivirías en una pocilga." El marido: "ya te he dicho que no toques mis cosas y siempre igual." La esposa: "Y tú, que te digo que no me pongas la ropa sucia encima de la mesa y siempre haces lo mismo y cuando viene tu madre..."

 

Y así entramos en un circuito que no tiene salida y que repetimos una y otra vez. Esto es seguir un patrón neurológico antiguo.

 

Ahora es el momento del cambio. Saber cambiar es abrir nuevos patrones neurológicos, es dejar el camino viejo y coger la autopista, no enzarzarse en discusiones sin sentido. Cuando creamos nuestra vida es cuando abrimos nuevos caminos neuronales. Si no cambiamos nada en las mismas todo va a seguir igual. Si queremos que el mundo cambie quizás deberíamos cambiar primero nosotros. Muchas veces queremos que la otra persona cambie y queremos que todo cambie, pero los únicos que no cambiamos somos nosotros. Nos mantenemos siempre en la misma actitud, sin darnos cuenta de que si empezamos a cambiar nosotros el mundo que nos rodea también va a cambiar. ¿Qué es más fácil, cambiar al mundo o cambiarnos a nosotros mismos? Como veremos más adelante el mundo que nos rodea lo creamos nosotros, sólo tenemos que cambiar nuestras creencias sobre él para que cambie. Todo interactúa con todo. ¿Por qué entonces no probamos cambiar nosotros para ver qué sucede?

 

Juguemos con la vida. Aprendamos a actuar de una manera diferente y observemos. Aprendamos a dar un enfoque nuevo a nuestras vidas. Aprendamos a ver las cosas desde otra óptica superior, desde la óptica del corazón. Ello nos llevará a mantener nuestro equilibrio interno y a transmutar todo lo que no deseemos en amor. Podemos decir que lo único seguro en nuestras vidas es el cambio. Entonces demos la bienvenida al cambio: aprendamos a ser diferentes, a ser como nos gustaría ser, enviemos a nuestras neuronas ideas nuevas, frescas, de acuerdo a una óptica superior dirigida siempre desde el corazón. Pasemos de la inteligencia de la mente a la inteligencia del corazón. Empecemos a usar este pequeño cerebro, como dice Gregg Braden: "vivamos una existencia basada en el corazón; aprendamos a ejercitar el músculo cardíaco con emociones como gratitud, aprecio, cuidado, amor. De esta manera conseguiremos una coherencia global, una manera de ser que realmente influencie los campos electromagnéticos de la Tierra, produciendo un impacto positivo. Al tener una relación con la Tierra basada en el corazón lo que realmente estamos haciendo es generar un campo magnético dentro de nuestros cuerpos que es parte del campo magnético de la Tierra". En otras palabras, nos alineamos con la tierra ya que ella asciende al chakra (centro energético) del corazón y si queremos ascender con ella, nosotros debemos alinearnos también con el nuestro (con nuestro corazón).

 

Estamos aquí para SER. Para SER de una manera amorosa, alegre, benevolente, dando importancia a las cosas que realmente la tienen, como es el reencuentro con otros seres vivientes en este trayecto de nuestra existencia. Cada momento es único en sí mismo e irrepetible por lo tanto, valoremos estos momentos únicos y veamos a los demás como lo que son, seres de luz experimentándose a sí mismos.